Niños y ancianos de la mano

Normalmente vemos nuestra vida como una línea recta con diferentes etapas: infancia, adolescencia, madurez y vejez, sin dar la posibilidad de crear un círculo de vida y conectar los dos extremos, es decir, a los ancianos con los más pequeños.

Afortunadamente están surgiendo iniciativas como la de Seattle (USA) en la que una residencia de ancianos se ha convertido en un “Centro de Aprendizaje Intergeneracional” donde un grupo de niños comparten sus horas de enseñanza y juegos con los mayores. Esa iniciativa ha obtenido un resultado tan positivo del que podríamos escribir muchos renglones pero que se resume en una palabra: Felicidad.

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Los familiares de los residentes y el personal están gratamente sorprendidos de ver como la vida de los mayores y los niños ha cambiado. Ahora los ancianos son parte activa de la educación de estos niños y su experiencia sobre la vida y conocimiento, una fuente inagotable para las habidas mentes de los pequeños.

Una experiencia similar está ocurriendo en un hogar para ancianos de Hamburgo. El espacio de los niños está conectado con la residencia de ancianos por un pasillo de cristales, y los mayores pueden ver cómo juegan los niños cuando están fuera del aula o compartir experiencia y conversaciones tales como la de explicar la forma de subirse a un árbol.
Estos niños han traído calidad de vida y alegría para todos. Llegan curiosos al centro y tocan las manos arrugadas de los ancianos, observan pasmados las sillas de ruedas y los andadores. Los ancianos, por su parte, dibujan una sonrisa gigantesca en sus rostros, bailan para ellos, se disfrazan, les hacen reír, cuentan cuentos o cantan viejas canciones ya olvidadas. Los pequeños, por su parte, crecen y aprenden en un entorno de respeto y admiración, no sólo entre ellos, sino también ante los mayores, hasta ahora olvidados y relegados a un papel demasiado lejano, casi escondido, para no recordar cómo seremos en unos años.

residencia de ancianos con niños

El número de adultos mayores de 65 años se duplicará en los próximos 25 años y un alto porcentaje de mayores ya experimenta aislamiento social unido a la depresión y la soledad con consecuencia de un declive físico y mental. Quizás este tipo de iniciativas pueden ser la solución a estos datos tan desoladores y a la vez una fórmula educativa más enriquecedora para nuestros menores.

¿Qué pueden compartir los pequeños y los ancianos si les damos la oportunidad? Esperamos tus comentarios…

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